Eryk Von Bicken -
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| A Friedrich Wolfgang. Vienna. Weimar, 13 de septiembre de 18… Es de noche y está lloviendo. Es agradable el sonido de las gotas de agua al golpear el cristal de mi pequeña ventana. La neblina ya impide que pueda vislumbrar cuanto acontecerá en el exterior de mis aposentos. Sólo existe mi habitación. Un lecho, una mesa, la silla. Una pequeña cómoda… y mi alma. La suya también esta aquí. “Margarita” está durmiendo. Es tarde y no deseo despertarla. Duerme. Fuera de aquí todo es imaginación. Las calles, las gentes, las imágenes; todo… nada. Sólo existen aquí, en mi mente. Mi joven amigo, hace ya varios días que permanezco encerrado aquí. Ya olvidé lo que es ver el día. Todo cuanto necesito se halla aquí. La comida me la trae una joven dama hija de la dueña de la casa. Una señora muy agradable que con gran cariño y mesura está tratando a cuantos nos hospedamos en su casa. ¿El piano? Me duele el contemplarlo. Me da miedo acercarme a él. Tú no lo entiendes. Ama, amigo mío, sólo si eres amado. En caso contrario arráncate el corazón antes que éste te arranque la razón. No he sabido expulsarlo y sólo se me ha dado el ponerle débil velo. Mas si tocara una sola nota de ese piano, con fuerza nueva atacaría a mi alma, a mi mente. Ya nada quedaría de mí… sólo llanto. Estoy triste. La lluvia, que en otro tiempo hubiera llevado de la mano a mi ser hacia la paz, se me descubre hoy fría e hiriente. Hoy niega el sosiego. Me atormenta. Friedrich, amigo. Quisiera poder hallar consuelo. Tal vez mate a “Margarita”. Ya no hallo placer ni aún dicha en su vida. Es flor venenosa que busca envenenar a su vez a cuantas flores quedan en mi marquito jardín. Pronto volveré. Lo he decidido. Tiene que haber algo en la vida y sé que puedo hallarlo en Vienna. Contigo, con todos nuestros amigos. ¿Qué fue de Louis? Antes de partir oí que pretendía volver a París. Recuerdo lo mucho que amaba su ciudad… seguramente estará paseando ahora mismo por las calles de su tierra y será feliz. Más feliz de lo que fue con nosotros. No nos culpemos. Ahora está en su casa. ¿Cómo van las cosas por la ópera? Estoy deseando volver a pisar sus tablados. Dale muchos recuerdos a mi joven hermano que seguro ya será uno de los violonchelistas más importantes de toda la orquesta. Saluda también a su amada. ¡Cuánto me alegra!... Sí, volveré. Debo veros. Sólo vosotros guardáis el remedio a mi mal. Volveré. Lo he decidido. Volveré. En vosotros morirá mi mal. El canto de los pájaros daña mis oídos. El fresco aroma quema mis sentidos. No hay luz. Allí, allí está la luz. La Luna. El Sol. A ambos amaré por igual. Me gustaba mucho salir a pasear los domingos por la tarde. Disfrutar de la compañía de todas las buenas gentes de Vienna. Allí una pareja de recién casados luciendo ambos sus vestidos de enamorados. En el otro lado unas damas observando cómo juegan los niños en el parque. Los cuidan. Caso de que alguno llore, le besan cariñosamente en la frente curándolo al instante. Era curioso, lo recuerdo. Pasado esto todos los demás niños abandonaban sus juegos para buscar también sus respectivos besos. Fingían cualquier dolor o llanto para lograr tan preciados tesoros. Las damas reían dulcemente al contemplar lo bien que interpretaban sus escenas. Todo, todo valía para lograr un beso… un beso. ¿Has besado alguna vez a una mujer? Yo no, pero debe de ser muy hermoso. Sus labios. El dulce aroma de su voz. ¡Ah, amigo mío! Podría morir en paz si la besara… si la besara… so me fuera dado tan divino regalo. ¡Todo! Dolor, llanto, muerte… ¡Todo! Todo desaparecería en pos de ese regalo. Un beso. Sólo un beso… duerme. Estamos ciegos, amigo mío. Debiéramos haber reducido la vida a un beso. La vida habría de ser un beso. Pero cegados por nuestras miserias nos empeñamos en sufrir y no ver aquello que es hermoso. La vida. ¡La vida! ¿Entiendes? A vida es un beso. Un instante de dulzura y morir. ¿Qué más? Riquezas, poder,… nada. Un beso. Sólo un beso. Nada más importa. No puedo volver. Lo siento. Tú me entenderás. Ella está aquí. Lo siento. No se ha ido. Es esa sombra la que ha engañado a mis sentidos. Pero mi corazón es sabio. ¡Sí! Ella está aquí. Me lo está diciendo. ¡Calla! Silencio. “Margarita” me llama. ¡Se ha despertado! Debo ir a darle un beso. Se ha despertado. Me llama… Pronto te escribiré, ahora debo dejarte. ¡El ángel de la música está aquí! ![]() | ||||||
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Eryk Von Bicken -
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