[icon] Eryk Von Bicken - Una noche de sueños dulces...
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Subject:Una noche de sueños dulces...
Time:11:28 pm
Líricos vapores misteriosos... no sé dónde leí estas tres palabras, pero me gustan... sí, me gustan. Los altos álamos y demás árboles que, con sus raíces salientes y entrecruzadas cual parejas de enamorados abrazados en tierna postura, descansaban en los elevados páramos y las cavadas llanuras se encontraban empapados o cubiertos de unos líricos vapores misteriosos. Tan misteriosos que semejaban esos maravillosos mundos sacados de fantásticos sueños o de relatos fantásticos. Tan misteriosos que seguramente serían producto del respirar entrecortado de las náyades que, aunque habitantes del fondo del serpentino río que atravesaba el lugar unificando todas las llanuras y formando una extraña Z, asomaban a veces sus coloridos rostros de mujeres hermosas; verdes como los iris de Minerva, de cabelleras largas y negras y de orejas apuntadas con sonrisas eternas, de esas que aun en el más amargo llanto siguen reflejadas en el rostro. Las náyades que hastiadas de la humedad del fondo, ascienden cual aves al cielo para contemplar toda la mística superficie con toda su majestuosidad; y al no estar acostumbradas a tan extraña atmósfera, entrecortan su respiración emitiendo esos vapores líricos y misteriosos.
Leves rachas de un denso, fresco aire luchan con la calma por, libres de cualquier resistencia volar entre la niebla ayudando a su forma e idea semejante, tal vez, al aliento de un dragón.
De todas partes atraídos, miles de sonidos lisonjeros, miles de sonidos maravillosos llenan con sus dulces sinfonías, empapan con su tierna piel los álamos que pacientes esperan de nuevo la primavera.
Unicornio corre por la empinada llanura y con gracia divina salta a un lado y otro del río. Las náyades cantan, alaban al dios equino. A cada salto, miles de seres de diminutas estelas saltan del verdoso néctar por acariciar el virgen cuerpo del élfico corcel.
Ave de rojizas plumas esquiva las retorcidas ramas de los álamos, el alma del fénix canta, su mirada clava las máscaras, distintas capas que de la atmósfera forman espejos de opaca estampa, sueños de nebulosa planta.
Y así, circular forja de divina tela, parca callada que eterna reitera la forma, pasan siglos y milenios, horas y minutos en un mundo fantástico de accidental forja y amada estampa. Allí no hay penas, no hay tristezas. Hay amor y luz eterna.
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