Eryk Von Bicken
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| A Friedrich Wolfgang. Vienna Weimar, 20 de septiembre de 18… Está amaneciendo. Es muy hermoso contemplar cómo la luna llama a hermano tan antitético. La sombra llena el día… y sigue la vida. Nace del horizonte cual de la fuente el agua… y magia. Ya no hay tristeza. El llanto ha sido extirpado del ser. Una lágrima de felicidad. Amor. Amor del que se escribe con besos. ¡Una rosa! Continúa el sueño. Dicen del orbe su vuelta, y que con cada camino se corresponde a su meta… y su regreso. No habré de llegar hoy, mas el mañana siempre queda. Seguramente no estarás entendiendo ni una palabra de lo que digo. No te culpo, para entender la locura, es preciso estar loco. Déjame hacerte una pregunta. ¿Crees en el destino? El mundo rueda y rodando nuestra vida y muerte pasan ante nuestros ojos en varias ocasiones. Dime, ¿Crees en el destino? Si a una tristeza sigue una alegría y a mil tristezas, tantas sonrisas, ¿Qué hemos de esperar después? El círculo se cierra. Todo parte y regresa… ¿Es, pues, eterna la condena? No se, se hace dura la eternidad vista desde este espejo. Cambiemos de reflejo. Todos nacemos y morimos. Ahí está. La vida es un segmento… ¿Un círculo? Una escalera mejor. Cambiamos de peldaño pudiendo observar siempre el peldaño anterior, deseando conocer el peldaño siguiente… espero no tener vértigo. No me entiendes. No te culpo, al fin amo… el sosiego, al fin hallo el sosiego. He sufrido, ahora soy feliz… ¡No! Niego con rotundidad lo que afirmas, nada ira eternamente. No todo vuelve al punto del que nace. No quiero volver… no volveré. A mí corresponde el derecho de elegir el camino, ya he elegido. No pienso sufrir. Quemaré esta carta, ni yo mismo la entiendo. Adiós. | ||||||
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![]() ¡Sus ojos! ¡Oh Dios, he visto sus ojos! Los vi esta mañana al cruzar el paso del rio. ¡Sus ojos! necesito volver a ver sus ojos. ¡Tan bellos eran y tan profundos! | ||||
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![]() A veces pienso que debería poner fin ya a este cuerpo marchito. A veces siento que nada importa ya en este mundo y que la muerte sería lo más sensato. A veces pienso... ¿Existirá realmente? ¡Oh, sigamos soñando miserias! | ||||||
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| Te vi llegar en la noche, tan espléndida como siempre. Con una sonrisa en tus labios, Espejo de un corazón ardiente. Me miraste con tus ojos, Destellos de una luz celeste. Ibas a decir algo... - ¡No lo digas! Te amaré siempre. | ||||
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| A Friedrich Wolfgang, Vienna. Weimar, 17 de Septiembre de 18… Quiero ser feliz. Desde mi retiro en Weimar sólo he conocido miserias, llantos… Yo mismo me he convertido en una sombra y me estoy cansando de tanta tragedia. ¿Has leído alguna vez a Shakespeare? Nunca me gustó su Romeo, mas considero enorme su creación Hamlet. Es la más grande tragedia que jamás he leído y aun así, hallo en sus páginas momentos, aunque breves, de comicidad y alegría. Mi vida no la querría Shakespeare para una de sus tragedias, o sabría dónde hallar momentos de lucidez para hacerla tragable. La multitud huiría de la sala queriendo olvidar cuanto pasara en las tablas. Amigo mío. No sabes hasta qué punto deseo poder respirar, aunque sólo sea un instante… pero respirar. En derredor mía veo infinidad de hombres y mujeres que aun perdidos en la problemática mundana, se tienen los unos a los otros en un lazo sentimental y pasional que les hace no perder la ilusión y la alegría; no sentir el pesar sino hundirlo en un mar de tal densidad que… Yo sólo deseo amar y ser correspondido mi sentimiento. El que ama sin ser amado no ama. Llora, sufre y muere… y lo peor es porque sabe que no ama. Sólo le es dado amar si tiene unos ojos en los que verse reflejado… y no se ve… ¿dónde hallaré mis ojos? ¡Dios! No hay mayor dolor en el mundo que el morir sin haber amada. Nacemos para amar… y morimos por su fulgor. Cómo desearía morir y en mi lecho exclamar “¡He amado! Esa ha sido mi obra” nadie más feliz. Estoy cansado. ¿Estaré condenado a vivir sin encontrar descanso? Mi alma muere en cada estrofa que escribe mi pluma, la sonrisa miente. Amigo Friedrich, debo poner fin a mi carta, pues se me requiere para la cena y en esta casa gusta la puntualidad. Pronto recibirás noticias mías. Mis más sinceros recuerdos. Erik Von Bicken | ||||||
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| Un Pensamiento. Hace demasiado tiempo que no escribo, mas tampoco he necesitado en todo este tiempo... lo confieso, me negué a coger la pluma, la odio... sufro a cada palabra. Deseo descansar... Descanso... ¿Dónde te hallaré? | ||||||
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![]() Nunca supe qué esperar de la vida. Dejé que corriera el tiempo hasta expirar, todo era vano quedando sólo la muerte. Nada he hecho de mención. Por nada me recordarán pasado mi tiempo. He vivido: esa es mi obra. Obra triste, trágica, que de laescapada noche vi florecer: gris, imperfecta; desventurada y sin amor. Tantos son los que mueren jóvenes sintiéndose viejos. Tantos ancianos mueren sin haber vivido. No hay vida. O tal vez la hay, pero no la conozco. Tal vez la conociera en otro tiempo. Pero el olvido impera enmí con su implacable aspecto. Muere. No; vive muriendo. ¿Qué más da? Si fuera un sueño. ¡Qué sueño! Mi vida. El deseo. Amor. Sólo un sueño. Y la esperanza de estar despierto. Duermo. Quisiera despertar. ¿Cómo se abandonan los sueños? Madre me despertará. Duermo. ¿Por qué se soñará? Duermo. Sueño... el despertar. | ||||
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| A Louis Devienne. París. Weimar, 14 de septiembre de 18… “Los ángeles han dejado de llorar” ¿recuerdas? Todavía guardan mis oídos el estruendo de la representación; ¡Hemos subido al cielo! Nunca se contempló en el mundo espectáculo similar. Los actores y las divas. El cuerpo de baile. Todo fue mágico. Ya has vuelto a París, pero seguro estarás deseando regresar a Vienna. En París no se hacen óperas como en Vienna. La magia está aquí. ¿Te sonríes? Bien sabes que es verdad. Mucho nos has hablado durante aquellas tardes de sol bajo las aliviadas sombras de los árboles que poblaban los amplios parques de la ciudad, en torno a la belleza de tu ciudad. “¡Qué calles!” exclamabas. “un paraíso de luz y color” todo allí es especial. En ningún otro lugar hallarás gentes más dadas a la poesía y a la dulzura en forma de música. Todo es ornato. La lluvia se adorna en el arco iris. ¡El sol la besa! u lugar donde no existe la tristeza. Resulta curioso. Eso mismo diría yo de mi amada Vienna. Sus calles, sus gentes… El aire es música. No hay ópera igualable a Vienna. Lo sabes. Lo sé. Recuerdo que antes de mi retiro me obligaste el juramento de visitar tu casa. Dijiste que era allí donde escucharía por primera vez ópera. La música celestial tenía su sede en París. Bien sabes que soy hombre de palabra y cumpliré lo que dije. Poco me queda que contar. Ya no hay “Margarita”. Lo siento. Sé que te gustaba y siempre me animabas a terminarla. Voy a quemar cuanto llegué a escribir. No la quiero. No preguntes. Ya sabes el porqué. Nos veremos en la ópera, amigo mío. La música desvelará el secreto. ¿Cuándo los ángeles lloren? No, “cuando la tierra toque el cielo”. | ||||
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| A Friedrich Wolfgang. Vienna. Weimar, 13 de septiembre de 18… Es de noche y está lloviendo. Es agradable el sonido de las gotas de agua al golpear el cristal de mi pequeña ventana. La neblina ya impide que pueda vislumbrar cuanto acontecerá en el exterior de mis aposentos. Sólo existe mi habitación. Un lecho, una mesa, la silla. Una pequeña cómoda… y mi alma. La suya también esta aquí. “Margarita” está durmiendo. Es tarde y no deseo despertarla. Duerme. Fuera de aquí todo es imaginación. Las calles, las gentes, las imágenes; todo… nada. Sólo existen aquí, en mi mente. Mi joven amigo, hace ya varios días que permanezco encerrado aquí. Ya olvidé lo que es ver el día. Todo cuanto necesito se halla aquí. La comida me la trae una joven dama hija de la dueña de la casa. Una señora muy agradable que con gran cariño y mesura está tratando a cuantos nos hospedamos en su casa. ¿El piano? Me duele el contemplarlo. Me da miedo acercarme a él. Tú no lo entiendes. Ama, amigo mío, sólo si eres amado. En caso contrario arráncate el corazón antes que éste te arranque la razón. No he sabido expulsarlo y sólo se me ha dado el ponerle débil velo. Mas si tocara una sola nota de ese piano, con fuerza nueva atacaría a mi alma, a mi mente. Ya nada quedaría de mí… sólo llanto. Estoy triste. La lluvia, que en otro tiempo hubiera llevado de la mano a mi ser hacia la paz, se me descubre hoy fría e hiriente. Hoy niega el sosiego. Me atormenta. Friedrich, amigo. Quisiera poder hallar consuelo. Tal vez mate a “Margarita”. Ya no hallo placer ni aún dicha en su vida. Es flor venenosa que busca envenenar a su vez a cuantas flores quedan en mi marquito jardín. Pronto volveré. Lo he decidido. Tiene que haber algo en la vida y sé que puedo hallarlo en Vienna. Contigo, con todos nuestros amigos. ¿Qué fue de Louis? Antes de partir oí que pretendía volver a París. Recuerdo lo mucho que amaba su ciudad… seguramente estará paseando ahora mismo por las calles de su tierra y será feliz. Más feliz de lo que fue con nosotros. No nos culpemos. Ahora está en su casa. ¿Cómo van las cosas por la ópera? Estoy deseando volver a pisar sus tablados. Dale muchos recuerdos a mi joven hermano que seguro ya será uno de los violonchelistas más importantes de toda la orquesta. Saluda también a su amada. ¡Cuánto me alegra!... Sí, volveré. Debo veros. Sólo vosotros guardáis el remedio a mi mal. Volveré. Lo he decidido. Volveré. En vosotros morirá mi mal. El canto de los pájaros daña mis oídos. El fresco aroma quema mis sentidos. No hay luz. Allí, allí está la luz. La Luna. El Sol. A ambos amaré por igual. Me gustaba mucho salir a pasear los domingos por la tarde. Disfrutar de la compañía de todas las buenas gentes de Vienna. Allí una pareja de recién casados luciendo ambos sus vestidos de enamorados. En el otro lado unas damas observando cómo juegan los niños en el parque. Los cuidan. Caso de que alguno llore, le besan cariñosamente en la frente curándolo al instante. Era curioso, lo recuerdo. Pasado esto todos los demás niños abandonaban sus juegos para buscar también sus respectivos besos. Fingían cualquier dolor o llanto para lograr tan preciados tesoros. Las damas reían dulcemente al contemplar lo bien que interpretaban sus escenas. Todo, todo valía para lograr un beso… un beso. ¿Has besado alguna vez a una mujer? Yo no, pero debe de ser muy hermoso. Sus labios. El dulce aroma de su voz. ¡Ah, amigo mío! Podría morir en paz si la besara… si la besara… so me fuera dado tan divino regalo. ¡Todo! Dolor, llanto, muerte… ¡Todo! Todo desaparecería en pos de ese regalo. Un beso. Sólo un beso… duerme. Estamos ciegos, amigo mío. Debiéramos haber reducido la vida a un beso. La vida habría de ser un beso. Pero cegados por nuestras miserias nos empeñamos en sufrir y no ver aquello que es hermoso. La vida. ¡La vida! ¿Entiendes? A vida es un beso. Un instante de dulzura y morir. ¿Qué más? Riquezas, poder,… nada. Un beso. Sólo un beso. Nada más importa. No puedo volver. Lo siento. Tú me entenderás. Ella está aquí. Lo siento. No se ha ido. Es esa sombra la que ha engañado a mis sentidos. Pero mi corazón es sabio. ¡Sí! Ella está aquí. Me lo está diciendo. ¡Calla! Silencio. “Margarita” me llama. ¡Se ha despertado! Debo ir a darle un beso. Se ha despertado. Me llama… Pronto te escribiré, ahora debo dejarte. ¡El ángel de la música está aquí! ![]() | ||||||
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![]() La amo. Un suspiro. La amo. Y vuelvo a suspirar. El llanto acude a mis mejillas ¿Qué pasa? Nada puedo esperar. Cae la noches. No hay luna. Presiento el final. ¿Lloras? ¿Qué sucede? Mi alma ya no está. | ||||||
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| A Friedrich Wolfgang. Vienna Weimar, 10 de septiembre de 18… Mi buen amigo. Es amplio el periodo de tiempo que ha transcurrido desde que nos despidiéramos en Viena, ciudad amada. Sabe, ha tiempo que deseaba perfeccionar mi arte en la música y poder así dar forma estable a la que te presenté como mi obra, mi vida: “Margarita”. El título aun es mero borrador, cual todo cuanto he compuesto hasta ahora. Seguramente te estarás riendo. Me conoces mejor que yo mismo y eso es algo que alabo en ti, pues sigues manteniendo nuestra amistad. Es en base a esto que te escribo. Sabe, la ópera está un poco estancada ahora y no hallo momentos de lucidez para poder continuarla. Es triste. Me alejé de vosotros para verme como ante un espejo y así poder mejorar y componer. Buscaba mayor concentración de la que hallaba en nuestra Vienna. Pero es ahora cuando más aletargado se encuentra mi genio… ¡Ah, desdichado momento de elixir envenenado! Lo confieso, he hallado el amor… Y no hay peor momento. Tú me conoces. Nunca ¡Nunca! Me había dejado arrastrar por redes tan viles y mortales. Es cierto que adoraba a Amor, y con gusto repetía aquellas palabras que pronunciara Goethe en su fausto. “Es dulce ser amado, pero amar… ¡Oh dioses, qué ventura!”… y pretendía amar. Era feliz en mi deseo. Ahora amo… sí, amo; y es tanto como lo lamento. No diré su nombre. Temo que pueda perderse el correo y llegue a manos poco caritativas. Pero has de saber que es maravillosa. ¡Qué ojos! Amigo mío. No puedo explicar con palabras lo que corroe mi alma cada vez que sus ojos se posan dulce y suavemente en los míos. Algunos que saben lo que siento me han preguntado entre vino y risas qué puedo ver en esa mujer para haber perdido la cabeza de tal forma. ¡Ah, amigo mío! Todo en ella es hermoso. No hallo nada que la afee. Y aquello que para los demás resulta en desagrado, yo… a mí… ¡Estoy loco! Es mirarla y perder el juicio. ¡El ángel de la música! Seguramente sabrás de esta leyenda. Cree, pues es ella… es su voz… su voz… ¡Ah, no puedo, no…no! La amo y todo era dicha al principio. La amo… y nunca lograré curarme de tan odiosa enfermedad. Mi opera creció más que nunca entonces. Ella, ¡Ella! Compuso la escena en que el amante muestra a la dama su corazón desnudo. Desvela el secreto. Mefistófeles ha perdido, y ya sólo quedan ellos… nosotros. Pero ahora es todo distinto. Creímos engañarle y cual la sombra que es, huyó de mí para adosarse a su espalda. La amo… y ella ha desaparecido. La amo. Una estatua. El vacío. Mi buen amigo. Ha un mes que quisiera haber vuelto a Vienna. Pero aquí permanezco, muerto. Sin nada en que halle aprecio. Adosado yo mismo a una sombra y, sin voluntad, moldeado por ella. Los días parecen siglos y siento que al fin he descubierto cuál es el verdadero infierno. Pronto lo conocerás. Sí, en mi “Margarita” lo descubriré a los ojos del mundo. Él me ha quitado aquello que era mi vida. Tengo perfecto derecho a arrebatarle lo que es su tesoro, su verdad. No podrá recriminarme nada. Ha desaparecido y sigo aferrado a la cruz de su tumba. Sigo abrazando lo inerte creyéndolo con vida. No, no lo creo con vida; lo busco en la vida. La razón me abandona y no sé qué va a ser de mí caso de continuar aquí. Vienna. La solución está en Vienna… Pero la amo tanto… no puedo. Lo siento, pero debo poner fin a mi carta. No es buen momento para escribir más. Pronto recibirás noticias mías, lo prometo. | ||||||
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| ¿Y si el triste, largo paso que es el duro y frágil tiempo como círculo volviera repitiéndose lo eterno? Poco conozco de ciencias, en poco ya realmente creo. No curaría mi muerta alma, pero entendería todo esto. | ||||||
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Eryk Von Bicken
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